El primer período de emisiones monetales en Ybshm/Ebusus: Aspectos generales

Por Santiago Blanco *
Colaborador 

EL PRIMER PERÍODO DE EMISIONES MONETALES EN YBSHM / EBUSUS: ASPECTOS GENERALES

Resumen

Se presenta a continuación el estado general de la cuestión en lo que respecta al periodo inicial de las acuñaciones fenicio-púnicas de la ceca de Ybshm/Ebusus (ca. primera mitad del siglo IV a.C.-218 a.C.). Para este trabajo se han tenido en cuenta ciertos aspectos generales de las emisiones que revisten singular importancia: cronología, metrología y denominaciones producidas, función, tipología y área de circulación e influencia para una comprensión extensiva del fenómeno monetario.

Palabras clave: Ybshm/Ebusus, Iconografía fenicio-púnica, Monetización, Circulación monetaria, Hallazgos monetarios.

 

  1. Un temprano bastión militar y comercial cartaginés en el Mediterráneo Occidental

Ibiza, un estratégico punto situado en el Mar Mediterráneo que actuó como nexo entre el Norte de África y la Península Ibérica, fue poblada por los fenicios desde época muy temprana (ca. mediados del siglo VII a.C.)[1]. El proceso de colonización fue completado posteriormente por los cartagineses, en una fecha datable entre finales del siglo VI y finales del siglo V a.C.[2] En todo momento, estas iniciativas coloniales habrían sido motivadas por un interés estratégico, tanto comercial como militar[3]. Inicialmente, la isla recibió el nombre de Ibusim (Ybshm), topónimo que posteriormente, debido al proceso de latinización, se convirtió en Ebusus[4].

La ciudad no tardó en convertirse en un importante puerto de escala inserto en el recorrido de las rutas comerciales que Cartago había desarrollado para el Mediterráneo Occidental[5]. Cierto es que no podemos adjudicarle el papel de epicentro comercial de la antigüedad, pero sí debemos comprender la importancia que reportaba como enclave de redistribución comercial.

Asimismo, sabemos también que la antigua Ibiza era una rica productora agrícola. Al respecto, cabe recordar que Plinio el Viejo (NH XV, 82) destaca que los «mejores y más grandes higos» eran los de Ebusus. Por otro lado, el mismo autor (NH XIX, 94) menciona que allí había producción de cebolla albarrana.

Ya para el siglo V a.C. nos encontramos con que la ciudad había alcanzado un gran esplendor en la que se producía suficiente excedente que podía ser destinado al comercio exterior[6]. El hallazgo de ánforas púnicas-ebusitanas en las costas mediterráneas de Iberia[7] es prueba de la intensa actividad comercial que se desarrollaba desde el puerto de Ebusus. Hacia la primera mitad del siglo IV a.C., Ybshm se había consolidado como un importante núcleo urbano, con una población que giraba en torno a los cinco mil o seis mil habitantes[8].

En este caldero comercial que era la región, el fenómeno de la monetización no tardó en difundirse de forma vertiginosa, y desde ya, esta situación también se hizo sentir en Ybshm, ciudad que acuñó moneda desde época muy temprana[9].

A pesar de una esperable notoria influencia cartaginesa en sus acuñaciones (que hubiera sido totalmente justificada por la hegemonía que la metrópoli del Norte de África ejercía en la zona), debemos decir que Ebusus se apartó de un modo significativo de Cartago, y que las monedas expresan con claridad su propia identidad ciudadana[10].

A continuación brindamos un análisis, tratando de que sea lo más detallado y actualizado posible, sobre los aspectos generales que rodean al periodo inicial de las acuñaciones en Ibiza, pasando revista acerca de su cronología, tipología, función, metrología y ámbito geográfico que alcanzó su difusión.

 

  1. Cronología

En la década del ’70, Miguel Tarradell[11] postuló que el taller ebusitano había comenzado a acuñar monedas durante el siglo IV a.C. Esta enunciación estaba en contraposición a las teorías vigentes por aquel entonces, las cuales establecían (o más bien presumían) una fecha inicial mucho más tardía, que debía situarse durante el siglo III a.C., más puntualmente, durante el comienzo de la ocupación de los Bárquidas, o en todo caso, en algún momento ligeramente anterior.

La hipótesis de Tarradell se sustentaba en cierta evidencia arqueológica brindada por las excavaciones realizadas en la necrópolis de Puig de Molins. A pesar de sus exposiciones, este estudioso no pudo demostrar la plena validez de sus argumentaciones, por lo que de momento, si bien la posibilidad de una nueva datación quedó latente, no logró arraigarse de forma definitiva en la comunidad académica.

Más adelante, Marta Campo propuso una fecha inicial de la ceca en torno al año 300 a.C.[12], la cual posteriormente fue reevaluada por la autora, asumiéndose entonces que el inicio de la actividad emisora en la isla debía fijarse durante la primera mitad del siglo III a. C[13]. Sin embargo, la misma Marta Campo[14], atendiendo a la evidencia arqueológica aportada por la necrópolis ibérica de Cabezo Lucero (Alicante)[15] y los nuevos estudios efectuados sobre Puig de Molins, retrotrajo la fecha inicial de estas emisiones hasta la primera mitad del siglo IV a.C., confirmando de este modo la datación hecha por Miguel Tarradell cuatro décadas atrás[16].

Cabe hacer hincapié en la importancia de esta nueva posible fecha de apertura del taller ebusitano, ya que por aquel entonces, sólo funcionaba en la Península Ibérica la ceca de Emporion, lo que pone de manifiesto una vez más la importancia comercial y estratégica que Ybshm debió representar para el Mediterráneo Occidental.

La economía expansiva de Ebusus se mantuvo durante el siglo III a.C., y durante ese período se continuó con la acuñación de numerario, que con la excepción de pequeñas variantes tipológicas y estilísticas, se mantuvo bastante uniforme hasta ca. 214 a.C. (durante la Segunda Guerra Púnica), fecha que consensualmente es aceptada como el límite para este periodo de emisión monetaria[17].

 

  1. Metrología y denominaciones acuñadas

Durante este periodo la ceca acuñó, por un brevísimo tiempo, moneda de plata de una excelente calidad artística, conociéndose ejemplares de unos 10,00 g (dishekel) y de 1,65 g (1/3 de shekel), cuyo grabado de cuños debió de ser encargado a artesanos expertos.

No obstante, esta efímera producción argéntea pronto fue dejada de lado y se continuó con la producción de numerario de ínfimo valor en bronce. De esta manera se acuñaron cuartos, octavos y dieciseisavos de esta unidad ponderal[18], por lo que se debe destacar el papel puramente local de tales monedas, ya que estaban destinadas al pago cotidiano y no eran utilizadas para transacciones de envergadura, las cuales se debían llevar a cabo por otros medios[19].

Las monedas más antiguas (aquellas que integran los Grupos I y II establecidos en CAMPO, 1976), fueron acuñadas sobre cospeles globulares, denotando similitud de manufactura con las primeras emisiones púnicas de bronce de Sicilia o Cartago[20].

En cuanto al sistema metrológico, probablemente se ajustara a un patrón local con matices foráneos que permitiera intercambiar las monedas fuera de la isla sin problemas de relación. En el caso de la ceca de Ybshm, el patrón local adoptado podría ser el identificado como de 10,23-10,69 g[21]. Sugestivamente, Ripollès y Chevillon[22] han señalado que las fraccionarias ampuritanas arcaicas (más o menos coetáneas a las primeras acuñaciones de Ebusus), se adaptaban a un sistema metrológico de uso habitual en distintas zonas del Mediterráneo Occidental, el cual, a la vez, podría estar relacionado con el sistema que seguía Focea[23] y se remontaba hasta el shekel persa (= 5,50 g)[24].

 

  1. Tipología

Como regla general, diremos que la iconografía de las acuñaciones ebusitanas carece de diversidad; o dicho de forma más precisa, presenta una sólida concepción cívica-religiosa que se mantendrá inmutable a lo largo del tiempo, aunque presentando ligeras variaciones durante la emisión de las distintas series. En todas sus emisiones, la figura del dios Bes (una deidad menor tutelar de raigambre egipcia que podría estar vinculada al origen del nombre de la ciudad[25]) se mantiene como la tipología dominante, muchas veces acompañada de la figura del toro. Como ya hemos anticipado, esta iconografía se aleja totalmente de cualquier nexo que pretenda imitar, o al menos retener la esencia de las acuñaciones de la metrópoli cartaginesa e incluso del mundo griego. Al respecto, Mora Serrano[26] sentenció que no existe «nada más alejado de la imagen clásica que la grotesca imagen del dios Bes, elevada a tipo principal y distintivo de la importante amonedación de lboshim». 

bes

Durante el periodo inicial de emisiones monetarias, la ceca de Ybshm acuña monedas anepígrafas que llevan la figura frontal y de pie de Bes, a quien se lo representa barbado y con una corona de plumas sobre su cabeza, con un cuerpo desnudo y obeso sosteniendo diversos atributos: dos serpientes (una en cada mano) o una serpiente y una maza. En menos ejemplares, de cronología probablemente más tardía, al dios se lo comienza a representar vistiendo un faldellín.

Se ha sugerido que los grabadores ebusitanos podrían haberse inspirado para el diseño en una estatua de culto al dios que habría existido en Ibiza[27]. Curiosamente, en la actualidad no se conservan muchas estatuillas de esta deidad halladas en la isla, por lo que su repetida y constante aparición en las monedas se ha convertido en el principal testimonio de la importancia de este culto.

La combinación de una deidad en el anverso y el toro en el reverso, como se presenta en la mayoría de las monedas ebusitanas del primer periodo, encuentra su paralelismo más directo en los bronces siracusanos[28]. Al contrario de lo que sucede con la figura del toro, que con distintos significados es habitual en la numismática hispánica, la inclusión de Bes es totalmente novedosa, convirtiéndose en una impronta propia de Ebusus.

El toro es representado marchando (a izquierda o a derecha), a veces con la cabeza vuelta hacia el frente y otras mirando hacia delante.

El hecho de que existan piezas pertenecientes a una de estas series tempranas que presenten tanto en anverso como en reverso la figura del toro, prescindiendo por completo de la iconografía de Bes, pone de manifiesto la singular importancia que este animal, en algún sentido, tenía para Ebusus.

García-Bellido[29], por ejemplo, ha sostenido que esta representación debe ser vinculada al culto de Baal-Hammon, aunque cierto es que se conoce muy poco acerca de sus atributos. Otros autores[30] prefirieron relacionar su inclusión con el culto a Tanit. En este último caso, la ausencia de otras representaciones de la diosa (más allá de ciertos símbolos que aparecen como marcas de emisiones en las monedas de periodos posteriores y que indirectamente podrían ser atribuidos a Tanit), juega en contra del argumento. Finalmente, también se ha pensado en que este animal aparezca como un elemento sagrado, pero que no debe ser interpretado como la representación de una divinidad específica[31].

 

  1. Área de circulación y proyección difusiva

La gran cantidad de hallazgos en la isla de ejemplares correspondientes a esta fase (especialmente de monedas de bronce), nos muestra una prolífera producción, y por consiguiente, un elevado grado de monetización de sus habitantes, quienes de seguro ya estaban familiarizados con el uso de las monedas que eran llevadas a la isla por los comerciantes que hacían escala en el puerto. Al respecto, es pertinente dejar constancia de que se han reportado en Ibiza los hallazgos de piezas foráneas tempranas, algunas incluso del siglo V a.C., como las fraccionarias de Populonia, Emporion y Massalia, así como también de monedas púnicas. Esto podría estar reflejando un ambiente monetario real previo a la existencia de la moneda ebusitana[32].

Asimismo, su uso ritual fue extensivo en Ibiza, y las monedas con el dios Bes o el sagrado toro (ambos elementos con un fuerte contenido religioso) son descubiertas con muchísima frecuencia en los sepulcros y santuarios que datan de la época.[33]

Las piezas de bronce que se corresponden con este periodo, por lo general, son de mala factura y calidad metálica, conteniendo muy a menudo un alto porcentaje de plomo en su aleación[34], por lo que no es difícil suponer que no eran para nada codiciadas fuera de la isla ni se buscaban para su atesoramiento. Esto sería una de las principales razones que explicarían la poca cantidad de hallazgos de las mismas en tesorillos descubiertos en la península. Por el contrario, una abrumadora cantidad de monedas de bronce de este periodo han sido recolectadas en la isla[35].

ebusus

La moneda de plata, al parecer, no salió mucho de la isla, ya que hasta el momento tenemos una ausencia casi total en los tesoros hallados en el arco mediterráneo de la Península Ibérica, siendo la única excepción un dishekel hallado en Tortosa (Tarragona)[36], ejemplar que se encontró en un conjunto integrado además por otras cinco monedas argénteas de Emporion y Rhodas.

Sin perjuicio de lo expuesto anteriormente, cabe suponer que inevitablemente varias de las diminutas piezas de bronce han sido transportadas por los comerciantes que partían de la isla, teniéndose constancia de hallazgos en las costas del Nordeste y el Levante peninsular (zonas que coinciden con la de los hallazgos de las ya referidas ánforas púnicas-ebusitanas)[37]. Desde ya, esta tenue proyección no puede compararse con los altos grados de difusión que alcanzó la moneda ebusitana en períodos posteriores, pero sí nos da cuenta de la actividad comercial que desempeñaba Ybshm.

 

  1. A modo de conclusión

             La isla de Ibiza fue poblada desde fecha muy temprana por fenicios y cartagineses. Dado el carácter estratégico que presentaba la isla, la ciudad pronto se vio incluida en el próspero circuito comercial del Mediterráneo Occidental. Hacia la primera mitad del siglo IV a.C., cuando Ybshm ya se encontraba con un elevado desarrollo comercial, se inauguró un taller monetario que, tras una brevísima producción de monedas de plata, se dedicó a emitir numerario fraccionario de bronce destinado a satisfacer las necesidades cotidianas de sus habitantes. A esta fecha inicial se ha arribado gracias al estudio de los hallazgos arqueológicos procedentes de importantes necrópolis.

Iconográficamente, Ebusus presentó sus monedas con una tipología totalmente novedosa, la cual se apartaba en buena medida de las tradiciones griegas y púnicas, pero que logró transformarse en un símbolo cívico-religioso de impronta propia, presentando las figuras de una deidad menor egipcia (Bes) y de un animal con grandes connotaciones sagradas en la región mediterránea: el toro.

En lo referente a la metrología adoptada por la ceca, actualmente se cree que posiblemente las monedas se ajustaran a un patrón local (con una unidad cuyo peso debía situarse entre 10,23-10,69 g), pero influenciado por las relaciones ponderales imperantes en la región, por lo que se facilitaría las relaciones de intercambio. Un posible antecesor inmediato de dicho patrón podría hallarse en el shekel persa de 5,50 g, que fue adoptado por Focea, y presumiblemente, también por Massalia y Emporion.

Durante este periodo de acuñaciones, cuya fecha de cierre puede situarse en torno a los primeros años de la Segunda Guerra Púnica, las monedas ebusitanas alcanzaron una tenue difusión, la cual principalmente se puede apreciar en el arco Nordeste y Levante de la Península Ibérica. Las bajas denominaciones emitidas (octavos, cuartos y dieciseisavos), así como también la baja calidad metálica detectada en muchos ejemplares, fueron seguramente factores decisivos que ralentizaron una mayor proyección fuera de la isla, que en épocas posteriores sería alcanzada.

 

LÁMINA FOTOGRÁFICA

lamina

 

DESCRIPCIÓN DE LA LÁMINA FOTOGRÁFICA[38]

           #1. Tercio de shekel. Plata. Módulo aproximado: 12 mm; Peso promedio: 1,62 g.

A/: Bes desnudo de pie y de frente, sosteniendo dos serpientes.

R/: Toro marchando a derecha con la cabeza vuelta hacia el frente.

Nomenclatura: Villaronga, 2011: # 718; Campo, 2013a.: #2.f.

Fotografía tomada de www.denarios.org

 

#2-3. Cuarto. Bronce. Módulo aproximado: 12-13 mm; Peso promedio: 2,57 g.

A/: Bes desnudo de pie y de frente, sosteniendo dos serpientes.

R/: Toro marchando a izquierda con la cabeza vuelta hacia el frente.

Nomenclatura: Villaronga, 2011: #7698; Campo, 1976: Grupo I; Campo, 2013a.: #2.f.; Álvarez Burgos: #903.

Fotografías: #2. Martí Hervera & Soler y Llach, Subasta 84. Lote: 2316. Diciembre 2014

#3. Tomada de CAMPO, 2013a.

 

#4. Octavo. Bronce. Módulo aproximado: 10,5 mm; Peso promedio: 1,32 g.

A/: Bes desnudo de pie y de frente, sosteniendo dos serpientes.

R/: Toro marchando a izquierda con la cabeza vuelta hacia el frente.

Campo, 2013a: #4.

Fotografía tomada de CAMPO, 2013a.

 

#5-6. Cuarto. Bronce. Módulo aproximado: 14-15 mm; Peso promedio: 3,20 g.

A/: Bes desnudo de pie y de frente, sosteniendo una maza y una serpiente.

R/: Toro marchando a izquierda.

Villaronga, 2011: #701; Campo, 1976: Grupo II; Campo, 2013a: #5; Álvarez Burgos: #904.

Fotografías: #5. Martí Hervera & Soler y Llach, subasta 84. Lote: 2314. Diciembre de 2014.                           #6. Martí Hervera & Soler y Llach, subasta 89. Lote: 2317. Diciembre de 2015.

 

#7-8. Octavo. Bronce. Módulo aproximado: 10-11 mm; Peso promedio: 1,10 g.

A/: Bes desnudo de pie y de frente, sosteniendo una maza y una serpiente.

R/: Igual a anverso.

Villaronga, 2011: #702; Campo, 1976: Grupo III; Campo, 2013a: #6; Álvarez Burgos: #913

Fotografías: #7. Ibercoin, auction 20. Lote: 2081. Octubre de 2015.

#8. Martí Hervera & Soler y Llach, subasta 89. Lote: 2317. Diciembre de 2015.

 

#9. Octavo. Bronce. Módulo aproximado: 10-11 mm; Peso promedio: 1,20 g.

A/: Bes desnudo de pie y de frente, sosteniendo dos serpientes.

R/: Igual a anverso.

Villaronga, 2011: #699; Campo, 1976: Grupo V; Campo, 2013a: #7a; Álvarez Burgos: #912

Fotografía tomada de CAMPO, 2013a.

 

#10. Octavo. Bronce. Módulo aproximado: 11 mm; Peso promedio: 1,30 g.

A/: Toro marchando a izquierda.

R/: Toro marchando a izquierda.

Villaronga, 2011: #703; Campo, 1976: Grupo IV; Campo, 2013a: #9; Álvarez Burgos: #906

Fotografía: Martí Hervera & Soler y Llach, subasta 89. Lote: 2318. Diciembre de 2015.

 

#11. Octavo. Bronce. Módulo aproximado: 12 mm; Peso promedio: 1,79 g.

A/: Bes de pie y de frente cubierto por un faldellín, sosteniendo dos serpientes.

R/: Igual a anverso.

Villaronga, 2011: #700; Campo, 1976: Grupo VI; Campo, 2013a: #13.

Fotografía tomada de CAMPO, 2013a.

 

            Bibliografía

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* Miembro colaborador de Societat Catalana d’Estudis Numismàtics (SCEN).

[1] COSTA et FERNÁNDEZ, 1997: 395.

[2] CAMPO, 2006: 48.

[3] La isla se encontraba a un día de navegación de las costas ibéricas y a un día y medio del Norte de África (Diodoro, V, 16).

[4] VILLARONGA et BENAGES, 2011: 114.

[5] PADRINO FERNÁNDEZ, 2006: 153.

[6] COSTA y FERNÁNDEZ, 1997: 417-418.

[7] Se utiliza esta denominación genérica griega, para referirnos a los territorios de la Península Ibérica e islas adyacentes que en época romana serían conocidos como Hispania.

[8] CAMPO, 2014: 142.

[9] Fue el primer enclave de origen fenicio-púnico que acuñó moneda en este extremo del Medite­rráneo (CAMPO, 2013b: 12).

[10] MORA SERRANO, 2007: 413.

[11] Al respecto, véase TARRADELL, 1973-1974.

[12] CAMPO, 1976.

[13] CAMPO, 2013a.

[14] CAMPO,  2014: 142.

[15] El hallazgo de tres monedas de bronce ebusitanas correspondientes al periodo inicial en una sepultura para cremación (CAMPO, 2013a. Inventario Nº 52).

[16] En GARCÍA-BELLIDO, 2013:54 se habla de una cronología aproximada de c. 350 a.C.

[17] RIPOLLÈS, 2009: 110.

[18] El hallazgo de esta última denominación es tan actual que no es posible encontrarla en los catálogos generales que listan las monedas antiguas de la Península Ibérica.

[19] CAMPO, 2000: 92.

[20] RIPOLLÈS, 2009: 108.

[21] CAMPO, 2014: 139.

[22] RIPOLLÈS et CHEVILLON, 2013: 3.

[23] Y posiblemente también por Massalia, como se piensa hoy en día. Al respecto, véase RIPOLLÈS et CHEVILLON, 2009.

[24] GARCÍA-BELLIDO, 2013, 54-56.

[25] En lo referente a este punto, se ha identificado que el topónimo original Ybshm está compuesto por dos elementos: ‘Y, que significaría «isla» y BSHM, mucho más discutido, pero que en opinión mayoritaria de los autores se debería corresponder con «Bes». Al respecto, véase SOLÁ SOLÉ, 1956.

[26] MORA SERRANO, 2003: 49.

[27] CAMPO, 2006: 49.

[28] CAMPO, 1976: 25-26.

[29] GARCÍA-BELLIDO, 1987: 509-510.

[30] LÓPEZ MONTEAGUDO, 1974: 242.

[31] CAMPO, 2006: 51.

[32] RIPOLLÈS, 2009: 109.

[33] El uso ritual de la moneda en la antigüedad podía adquirir diversos matices: el pago de sacrificios, ofrendas a los dioses, ajuar funerario, mantenimiento y construcción de templos y recintos sagrados, etc.

[34] Cierto es que se pueden distinguir dos subperiodos dentro del periodo inicial de este taller monetario: Ia y Ib. En el primero, la calidad y factura son mucho más cuidadas, decayendo notablemente estos aspectos en el Ib. Ya en época cercana a la Segunda Guerra Púnica, se percibe una mejora estilística en los diseños.

[35] Para darnos una idea de este volumen, es muy gráfico un estudio publicado en 2009 (RIPOLLÈS et Al., 2009). Allí se analizan un total de 1584 monedas halladas en Ibiza y conservadas en el MAEF. De este total, sólo 63 piezas son de cecas foráneas. Por consiguiente, 1521 ejemplares de la muestra son de producción ebusitana, correspondiendo 1276 monedas (80,56%) al periodo analizado en este trabajo.

[36] VILLARONGA, 1993: Tesoro Nº 10. La fecha de ocultación del mismo se ha establecido actualmente entre finales del siglo IV a.C. y principios del siglo III a.C.

[37] En STANNARD (2005) se han identificado un interesante número de estas piezas en el sur de la Península Itálica y en Pompeya, pero es muy probable que su presencia allí se deba a una causa distinta al intercambio comercial con el cual se han podido relacionar las zonas de difusión antes señaladas.

[38] Los módulos aproximados, así como también los pesos promedios, fueron tomados de CAMPO, 2013a.

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